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En este crucero, el Ródano no solo se contempla: se prueba a pequeños sorbos. Cada destino abre una despensa distinta donde la Provenza se expresa a través de sus sabores. Los vinos del valle con nombres legendarios, los aceites que huelen a sol, la lavanda en flor perfumando el sur de Francia y los arroces nacidos entre marismas y sal marcan el ritmo del viaje. Usted solo tiene que estar ahí para degustarlo. En Aviñón, los mercados perfuman el aire; Lyon ha hecho de su cocina un emblema; Arlés y Tarancón aportan luz y terrazas mediterráneas; en Châteauneuf-du-Pape, las catas de vino se combinan con actividad al aire libre, y Tain-l’Hermitage pone el contrapunto dulce con la tradición chocolatera de Valrhona. Al regresar cada noche al Riverside Ravel, todo se ordena como un menú perfecto: paisajes, rosados elegantes, cenas en la cubierta Vista y momentos que solo un crucero íntimo puede reunir en una sola travesía.
Es un símbolo de la ciudad. El Pont Saint-Bénézet, que se curva sobre el Ródano, ha estado allí desde 1840 y se hizo famoso mundialmente por la canción Sur le pont d'Avignon. Quienes lo cruzan se encuentran frente al Palacio de los Papas, uno de los edificios medievales más grandes e importantes de Europa. Curiosamente, su construcción se debe a la pereza del arzobispo de Burdeos, que evitó viajar a Roma para su coronación papal; prefirió coronarse en Lyon y levantar un palacio en Avignon. Un verdadero monumento.
Esta joya de la Provenza está rodeada por algunos de los parques naturales más bellos de Europa. Arles es un símbolo destacado del arte y conserva testimonios de una historia rica en acontecimientos, desde su anfiteatro hasta las imponentes casas de patricios. Y, ¿qué sería Arles sin Van Gogh? Recorrer la ciudad bajo la mirada del artista resulta inolvidable.
Disfrutaremos de la puesta de Sol, amenizada con bebidas por la noche en la cubierta solar (si el clima lo permite) mientras su barco se desplaza silenciosamente a través del fascinante delta del Ródano.
Tarascon, con su aire legendario, seduce desde el origen: un dragón fluvial habría aterrorizado estas aguas en el siglo I. Su imponente fortaleza del siglo XV, la colegiata de Santa Marta —donde según la tradición está enterrada la figura bíblica— y su pintoresco casco antiguo invitan a explorar. Cada rincón narra historias entre mercados, callejuelas y mitos provenzales.
Châteauneuf-du-Pape, que significa literalmente “El nuevo castillo del Papa”, tiene una historia íntimamente ligada a la historia papal por su cercanía a Aviñón. Es famoso por sus vinos tintos de cuerpo completo, elaborados principalmente con uvas Grenache, a menudo mezcladas con Syrah y Mourvèdre. El pueblo está dominado por su imponente castillo, cuya historia se remonta al siglo IX.
Por la noche, las historias parecen revolotear desde los muros de las casas entre callejuelas estrechas y adoquines. Un paseo por Viviers es un viaje a la Edad Media, porque la antigua ciudad episcopal se salvó de la destrucción de la guerra, y mientras conoce su historia podrá visitar pequeñas tiendas y como imprescindible la catedral, con obras de arte tan especiales como los cinco tapices, tres de los cuales fueron regalados al obispo por Napoleón III. Un punto culminante en el sentido más estricto de la palabra es el mirador de la parte alta de la ciudad.
Tain-l’Hermitage, frente a Tournon, es un destino irresistible para los amantes del vino y el chocolate. Entre viñedos legendarios, nacen los prestigiosos Hermitage y Crozes-Hermitage, emblemas del Ródano. En la Cité du Chocolat de Valrhona, el arte del cacao se convierte en experiencia sensorial: aromas intensos, texturas sedosas y sabores que conquistan a los paladares más exigentes.
Lyon es la Meca de los gourmets pero también es viajar por 2000 años de historia, a través del Museo de Bellas Artes el casco antiguo con calles empedradas. La Basílica de Notre-Dame y una magnífica vista sobre la ciudad y el campo. También es la pintura sobre seda en el elegante barrio obrero de La Croix-Rousse, el templo gastronómico Les Halles de Lyon de Paul Bocuse y es la mejor cocina de los Bouchons. Oh là là – ¡Cuánta sensualidad! ¡Cuánto placer!