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Como el licor de albaricoque que destilan en Krems, este crucero de cuatro días destila gota a gota uno de los tramos más bellos del Danubio. ¿Quién dijo que la esencia necesita grandes frascos? Ya lo escribió Gracián: lo bueno, si breve, dos veces bueno. La travesía nace en Passau, donde tres ríos se funden en uno, y continúa en Grein, cuyo castillo de Greinburg —el más antiguo de Austria— le recibe con un concierto privado, cortesía de las experiencias Riverside Signature. Después, el Valle de Wachau, Patrimonio de la Humanidad, despliega sus viñedos en terrazas y castillos de ribera hasta Krems, su puerta oriental. El brindis final le espera en Viena, la Ciudad de la Música. Porque a bordo del Riverside Mozart, los grandes viajes no se miden en días, sino en intensidad.
Donde confluyen el Danubio, el Inn y el Ilz, Passau despliega su encanto barroco entre callejuelas adoquinadas y cúpulas verdes. Antiguo centro de manufactura de espadas legendarias, hoy seduce con su vibrante vida universitaria, la imponente catedral de San Esteban —que alberga uno de los mayores órganos del mundo— y la fortaleza Veste Oberhaus, que domina esta joya a orillas de tres ríos.
Típico de Austria. Para entretener a los viajeros, en 1793 se construyó en Grein el Teatro Rococó, ubicado en el centro del pintoresco casco antiguo y conservado hasta hoy. Su sala de madera está dentro del actual ayuntamiento. ¡Imprescindible visitarlo! Además, el castillo de Greinsburg alberga el Museo de la Navegación, ofreciendo una fascinante visión sobre la historia de la navegación en el Danubio.
El valle de Wachau, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y considerado uno de los paisajes fluviales más bellos de Europa, es la cuna del célebre aguardiente de albaricoque y de vinos reconocidos internacionalmente. Entre viñedos, abadías barrocas y castillos medievales se esconden pintorescos pueblos cargados de historia. Un paisaje de ensueño donde naturaleza y tradición gastronómica conviven en perfecta armonía.
Tulln, una de las ciudades más antiguas de Austria, combina historia imperial, belleza natural y arte. Fundada por los romanos como Comagena, conserva un encantador centro histórico, jardines exuberantes y el legado del artista Egon Schiele. La fuente de los Nibelungos recuerda la leyenda de Kriemhild y el rey Etzel. A orillas del Danubio, esta “ciudad de las flores” florece con elegancia y poesía.
Viena es una sinfonía de elegancia imperial y vitalidad moderna. Antiguo corazón de imperios, hoy seduce con sus palacios barrocos, la majestuosidad de su catedral y museos de clase mundial. Aquí resonaron Mozart y Strauss, pero también vibra el arte contemporáneo. Cafeterías históricas invitan a saborear un Apfelstrudel, mientras carruajes cruzan plazas que respiran historia y refinamiento.